
Mucho hay escuchar actualmente en el mundo musical para encontrar una voz de tantos kilates como la de Rufus.
Nacido para ser artista, para actuar y sobre todo para extrapolar su voz más allá de un auditorio. El señor Wainwright consigue una atmosfera en cada concierto absolutamente sublime, une su música a su prodigioso instrumento vocal hasta elevar a la perfección el envite sonoro.
Hijo y hermano de cantantes de folk, su sueño es ser cantante de ópera, y considera su trabajo Pop como un mero trámite para sacar dinero, a fin de componer y realizar su propio espectáculo operístico; mientras tal cosa sucede, deleita a su público con sus trabajos discográficos y su intenso directo, donde multitud de veces el piano y la voz son el único cordón umbilical entre espectador y artista.
El disco que nos ocupa contiene joyas que, perdonen la pesadez, no se igualan vocalmente, auténticas melodías echas para enamorar en directo, carrusel de sinfonías que trasportan la voz delicadamente y desatan un huracán a voluntad de Rufus; Un disco para escuchar en soledad, a media luz, pero también para bailar o disfrutar de la grandiosidad sonora… siente, emociona, conmueve y te levanta de un golpe, exigiéndote mover el cuerpo.
Este trabajo te recuerda a cada instante porque la música es uno de los motores de nuestra vida, y aboga por ese lado más sentimental y profundo. Si necesita redimir cuerpo y alma no lo dude este es su disco.
Aqui os ofrezco la fabulosa "Going to a town", y os recomiendo encarecidamente también "Nobody's off the hook" y la versión de "Hallelujah". Para saber más consulta la pagina web de Rufus.
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